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A mí el hermano de La Salle clásico; aldeano y con ausencia de inteligencia emocional, me recuerda al sargento de la película «Oficial y Caballero»; sabe que tiene que formar a unos jóvenes que serán sus superiores en rango militar y social, descarga en ellos toda su rudeza y animosidad, cuando no la violencia física desmesurada. Ello no es óbice para que nuestra condición de clase media bilbaína, y aquellos enormes recursos fabulosos; frontón, pistas de patinaje y baloncesto, iglesia y cine, ambas instalaciones grandiosas, nos hagan ver la cara más amable del «Chami». Considero que éramos nosotros quienes «limpian, fijan y daban esplendor» al colegio. Quizás, en la grande solidaridad, encontrábamos la fuerza para sobrevivir en un ambiente hosco y rudo, el creado por los frailes, con escasas excepciones. Esto no ocurría en los Jesuitas, de mayor formación, aunque yo me siento orgulloso de pertenecer a esta promoción del Chami. A los bestias con sotana, que cuantifico en una decena, ya los perdoné hace tiempo; de alguna forma, ellos también eran víctimas. Zorionak eta Urte Berri-On.
Buen análisis Martín…en mi caso ,haciendo un repaso de la vida académica, ahora al borde de la jubilación, creo que la distancia endulza los recuerdos, no fueron buenos años para mí ahí y ,cuando me expulsaron en cuarto bachiller me sentí muy liberado. Después (Colegio Azkorri, e Instituto de Getxo) . Aun asi guardo un magnifico recuerdo de casi todos los compis del chamizo, y también de algún profesor o cura, ¡que dificil serlo en aquellos tiempos grises¡. Curioso que todos tuvieran motes, era la venganza de los alumnos ante la arbitrariedad, la imposición y la barbarie del sistema. un abrazo queridos ex compis.